Decidí perderme en tu risa. Decidí mirarte. Decidí que tu voz se acomode en mi almohada y
cuide mis sueños. Decidí dejar que la distancia sea la que nos una
en ese inmenso deseo de sabernos. Decidí no pensar en mañana y dejarle al viento
la tarea de llevarte el rumor de mi nombre.

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