Voy a ser feliz, y no sé si voy a volver
miércoles, 17 de septiembre de 2014
El amor es una cosa divertida. Esperas que sea fácil, esperas que sea un mundo de rosas y risas, momentos perfectos como los que ves en las películas. Esperas siempre decir lo correcto y saber siempre exactamente cómo te sentís o exactamente cómo reaccionar ante él. Esperas que él te calme cuando gritas o te persiga cuando salgas corriendo. Esperas tanto que te sentís completamente decepcionada cuando algo no sale exactamente como lo habías planeado. Pero ese es el punto, el amor no es un plan. No tiene un comienzo exacto y ciertamente algunos no tienen fin o metas visibles para los que confían plenamente en él. El amor sucede, y es muy complicado. Las personas a tu alrededor no pueden comprender las cosas que haces, o por qué luchas tanto por algo que al parecer te causa tanto dolor; porque, simplemente, ellos no lo pueden ver, no pueden ver el anillo invisible de locura que te encierra cuando estas enamorado. A veces es incomodo, doloroso y devastador, pero no podemos vivir sin él. Lo que nunca se aprende es lo duro que es amar, cuánto tenemos que poner de nosotros mismos, y tal vez sólo vale la pena cuando nos volvemos completa y absolutamente idiotas al respecto. Amor no es que él te calme cuando gritas; es gritar tan alto, tan fuerte que puedas volar y al ver su cara puedas despertarte y mantenerte en la tierra. No es que él te lleve rosas todos los días o cosas bonitas que hagan que una relación parezca presentable. Es que después de una pelea, que agota la vida y los huesos de los dos, y sin embargo se presente en tu puerta a la mañana siguiente. No soy yo diciéndote qué es lo correcto o cómo debes comportarte. Sos vos acariciandome el pelo y diciéndome que todo va a estar bien porque vos estas conmigo, admitiendo que estas tan asustado como yo. Hay que recordar que en el amor no sos el único implicado. Sin darte cuenta, has puesto tu vida y tu corazón en las manos de otra persona, arriesgándote a que lo destroce en mil pedazos o que olvide que alguna vez se lo entregaste a él. Nos volvemos locos, la realidad se hace invisible y se borran todas las lineas que no se deben cruzar. Porque amar no es protegernos de nosotros mismos, es una caja fuerte de sentimientos, no es sentirnos a salvo o seguros del futuro. Se trata de tirar al carajo los nervios del cuerpo pero de la misma forma no perder el impulso. Porque todas las peleas, las lagrimas y la incertidumbre de ambos valen la pena. Y es un infierno mucho mejor que estar feliz al 100% sin alguien que nos haga ver un mundo de diferencia entre sentirse feliz y sentirse parte de algo
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