No tuvo ningún
problema en mirarme a los ojos mientras me decía puras mentiras.
Tuvo el descaro de besarme después de haber estado con ella, de
escribirme lo mismo que a ella, de decir mi nombre cuando pensaba en
otra, le dio la cara para decirme que me quería cuando quería a
diez más.. Supo el modo de mentirme sin cometer ni un error. Me
hacía sentir única, que de verdad le importaba, siempre estaba para
mi pero no me hubiera imaginado que estaría para otras. Hace mucho
tiempo no se reían en mi cara como él lo hizo. Que manera de
jugar con los sentimientos de una persona.. Eso es
imposible de perdonar, pero lo hice, sin pensar en mi. No me
arrepentí de perdonarlo porque aprendí algo más de la vida, que a
veces ganas perdiendo. Aprendí que las promesas, para muchas
personas, son sólo discursos sin ningún sentido, sin ningún valor.
Aprendí que alguien que te ama en serio es incapaz de traicionarte,
aprendí que no tengo que confiar en nadie, que alguien que dice que
te quiere, tarde o temprano te va a lastimar. Aprendí, por sobre
todo, a no aferrarme a nada, porque todo puede cambiar de la noche a
la mañana, porque nada es para siempre, y porque no conozco a nadie
que tenga los huevos para decir la verdad y pedir perdón. Él pidió
perdon, pero ya era demasiado tarde.
Igual sé que la
culpa de todo la tengo yo por haberte creído y darte, en su momento,
más de lo que te merecías. Estoy cansada de todo, no preguntes por
qué..
No hay comentarios:
Publicar un comentario