Voy a ser feliz, y no sé si voy a volver

sábado, 21 de noviembre de 2015

Carta de mi para mi

Decías que todo iba bien, pero el mundo se te caía encima. Todo lo que querías era un abrazo y era lo único que no tenías. Te sentías sola aún con docenas de personas a tu alrededor. Estabas rota. Gritabas y nadie escuchaba. Miraran por donde miraran iban a encontrar una persona perdida. Y aunque te enseñaron a ver el vaso medio lleno, deben saber que sólo te sirvió para ahogarte.
Sabes cuántas veces te caíste y disimulaste levantarte sin ningún problema, cuando por dentro estabas destrozada. Sabes lo que es pasar noches enteras dando vueltas en la cabeza y pensar hasta ahogarte. Y empezas a preguntarte “¿Por qué sí?” y “¿Por qué no? A veces olvidas por qué empezaste a apretar los puños, y sientes que todo perdió sentido, como si tu corazón sólo latiera porque sí y no porque te sintieras vivas. Hacer como si nada hubiera pasado no es la solución, porque la realidad es que la batalla empieza y termina en vos.
No voy a decirte que no llores, que no te tapes la cara por temor a lo que queda por venir, no te digo que disimules cuando te pase algo y finjas mil sonrisas porque lo único que hace es multiplicar los daños. Lo único que quiero que entiendas es que sos fuerte, que estoy convencida que todas esas horas lloradas en la cama son directamente proporcional a las sonrisas que vas a donar. Que no estás sola, porque seguro hay alguien que daría todo por vos y que acudiría a la primer llamada.

Yo también cerré los ojos sólo para no ver cómo tras saltar al vacío no hay nada que frene la caída. Cerré los ojos por miedo a cómo serían las cosas una vez dado el golpe. Pero no hay nada de malo en ello. Soy persona y como tal sangro si me pinchan y grito si tengo miedo, pero jamás me he quedado quieta. Hay que superarse y derrumbar uno tras otro los muros. De ahí las cicatrices, nadie crece sin ellas ni consigue borrarlas, pero si, nos hacen más fuertes porque nos recuerdan el valor de haberse atrevido a luchar, a seguir. Quiero que incluso creyendo que no tienes motivos, seas feliz, que tu sonrisa cese. Que sepas que detrás de cada caída se esconde todo lo que mereces. 

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