Si no pido deseos en verano, es porque ya estoy
endeudada hasta las pestañas y ya no me puedo permitir jugarme una de ellas
para pedirte.
Tengo una carpeta llena de borradores,
palabras que intentaron ser versos y terminaron en un intento vano de hacerte sonreír.
Una espalda que pide que dibujes letras aleatorias con la yema de tus dedos
sobre ella y unos oídos que se hacen los sordos a todo lo que no sea tu nombre.
Mi cabeza se olvido del calendario, la lógica y el abecedario si no son las
letras que componen algo que te nombre.
Yo quiero seguir haciendo con vos lo
que la primavera hace con las flores y quiero que nos busquemos a besos y
mordiscos, que la distancia se mida en piel contra piel.
Quiero pecados compartidos, cicatrices
que fueron heridas y fueron curadas con saliva. Quiero llevarte tatuado en el
cuello y que mi clavícula pida a gritos uno más de tus besos, cortarme las alas
del desamor con tus omóplatos y ahogarme entre toda esa mierda que algunos llaman
amor.
Necesito quedarme sin oxígeno debajo
de una almohada que no sea la mía, leer el fucking horóscopo y reírme de esa
mierda de constelaciones por estar pensando en tus lunares.
Que me llamen tuya porque es
impensable que sea de alguien más.
Quiero, necesito y espero quedar con
vos los días impares y leer el diario para saber qué pasa fuera de nuestro
mundo. Regalarte un pasaje de ida para que nunca vuelvas… A irte.
Y decirte en un mensaje que te quiero,
aunque estés en el mismo sillón para después hundirme en tus brazos.
Y vamos a reinventar un lenguaje para
que sea sólo nuestro, a reconstruir un mundo que no se parezca nada a este, que
la realidad es muy fea comparada con cómo es tu sonrisa. Vamos a mezclar París,
Madrid, Barcelona y los suburbios de Londres para hacer de estas sábanas un
universo paralelo.
Vamos a demostrarles a todo esos
idiotas que no creen en nosotros, que no hay historia sin un prólogo, un amor
sin batalla, ni vida sin lucha, ni verso sin ti.
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