Voy a ser feliz, y no sé si voy a volver

viernes, 4 de mayo de 2018


Sería muy pesimista empezar diciendo que soy un desastre, un desastre en todo lo que está relacionado con vivir. Soy ese Don Quijote que vivía en su mundo de ensoñaciones y luchaba con gigantes, que tenía su escudero y sin embargo nada pudo evitar que se caiga con el alma al suelo. Soy ese principito que todos leímos de chiquitos sin entender nada, porque ese es libro para otras edades. Soy hermana de genios, la sombra de su estela y orgullosa de serlo.  Soy la hija de una luchadora innata, costurera de las mejores heridas y ejemplo en la vida. Soy también amiga de una loca que no siempre es la última en caer pero si la primera en levantarme tras una caída.  Soy el frio entre los huesos del invierno y el calor de un abrazo siempre que puedo. Soy una sonrisa pero también lagrima fácil, más alma que cuerpo y menos realidad que sueños, contradictoria hasta los huesos, las letras las llevo en la sangre y a los demás en el lado izquierdo del pecho que late más fuerte que nunca y desgarra como jamás un verano lo había hecho; el ventrículo derecho le pide tregua al izquierdo y así sin revanchas acabamos sufriendo. Soy ese viaje en colectivo un viernes por la tarde, ese “mama todo va a estar bien” que nunca dije pero se sobreentiende, aquel 'siempre serás mi héroe' para papá aunque haya cometido más errores de los que puedo contar, y todo lo que no hice esperando que salga del otro. Si, soy un desastre pero con la mejor suerte del mundo. Y por eso soy, aunque a veces no este.

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